En la zona no hay agua potable. El río Salado es el
principal proveedor de este elemento. La reducción de su caudal, a lo largo del
año, agrava aún más la situación.
Las
poblaciones cercanas al río buscan el agua y la trasladan en condiciones precarias,
pero muchas otras están ubicadas a 60 kilómetros. La única posibilidad la constituyen
los aljibes o las represas, pero las escasas lluvias del verano no permiten
acopiar reservas suficientes para el resto del año.
Las represas contienen agua estancada, beben de ellas también
los animales y es inevitable que se infiltre y contamine con la segunda capa que
es salobre y contiene un porcentaje muy elevado de arsénico. Al finalizar el
invierno, el agua de la represa es un caldo de color verdoso en el que pululan
ranas y toda clase de microorganismos nocivos para la salud.
Lograr el agua y conservarla son las preocupaciones
más importantes de los lugareños, porque, cuando falta, no queda otro
recurso que el éxodo. Poseer agua significa mejorar la salud, proyectar cultivos,
hacer ladrillos y criar animales.
Aportes de la Parroquia:
Con la ayuda de gente de buena voluntad se realizaron varias
obras, nunca se contó con apoyo gubernamental.
En San José del Boquerón y alguna otra población
cercana al río se pudieron realizar tomas de agua proveniente de éste. Pero
la parroquia es extensa, algunos lugares están a 60 kilómetros del Salado. Durante
estos años se construyeron aljibes y se realizaron varias perforaciones
para aliviar la situación de esta gente.
Pero, cada
una de ellas lleva un cúmulo de dificultades, porque para obtener agua buena
es necesario profundizar a más de 90 metros y con trépanos a mano, ya que no
hay electricidad. Después, instalar cañerías, motores, molinos. Se añade
la dificultad de traslado de los materiales por caminos muchas veces intransitables.
Cada obra que puede concretarse trae una alegría enorme a la población. El agua
permite una vida más digna y también medios de subsistencia: cultivos de verduras
y cría de animales para las familias.
Buscando este objetivo se ha construido un canal de riego
vecinal de 27 kilómetros de largo por 2,60 metros de profundidad, hecho en
forma manual, a pico y pala. Fue realizado por los papás de veintisiete
familias durante tres meses. Esto les permitió planificar regadíos en sus
pequeñas huertas sin depender solamente de las lluvias del verano.