Santiago del Estero ofrece recursos, materias primas, que han
sido utilizados por el hombre desde la época indígena. Se les aplicaron técnicas
que fueron evolucionando con el tiempo, perfeccionándose con la especialización
y con el contacto cultural con la tradición hispánica.
Los artesanos lograron obras de carácter utilitario
y también estético. Sus técnicas fueron transmitiéndose por generaciones en
las familias, basadas en métodos empíricos y el respeto por la tradición.
Sin
embargo, en este momento, muchas de las artesanías han desaparecido y otras
se encuentran en decadencia. Ha habido una reducción considerable del número
de artesanos, muchos han emigrado de las zonas rurales hacia las ciudades y
se dedicaron a otras actividades mejor remuneradas. Los jóvenes, buscando un
mejor futuro, eligieron no continuar con la tradición familiar, por lo tanto
se ha perdido la continuidad del aprendizaje.
La dificultad de los artesanos para acceder
a las zonas de venta por las grandes distancias, la escasa valoración de su
trabajo en el aspecto económico, la falta de programas oficiales y privados
de apoyo o estímulo a las artesanías folklóricas y la no inclusión en los programas
educativos de la enseñanza del folklore, todo contribuyó desfavorablemente.
TEJEDURÍA
Es la artesanía más desarrollada y
tradicional. Posee un alto valor cultural, pues en ella se vuelca la transmisión
generacional de una técnica artesanal y su temática decorativa y ornamental
ligada a las culturas arqueológicas del territorio.
La labor de la telera debe ser valorada
en su conjunto, la preparación de la materia prima, el manejo del telar, la
creación estética del motivo que va armando, la combinación de colores, etc.
La materia prima que se emplea principalmente es la lana de
oveja y, en algunos casos, el algodón. Debe ser tratada convenientemente para
poder utilizarla: limpieza, desgrasado, hilado, torcido y retorcido de la lana.
El paso siguiente es el madejado; más tarde, el lavado y, por último, se hace
el teñido, con tintas industriales y aún con algunas vegetales (raíces,
cáscara de algarrobo y de quebracho, etc.)
Una vez lista y ovillada la lana, se prepara el telar. Éste
consta de una parte fija y una desmontable y está construido de madera, al
igual que el “peine” y la “pala”, elementos que se usan para ajustar la
trama.
Las piezas en las que se especializan las tejedoras del
Departamento de Copo, al que pertenece San José del Boquerón son:
“Baetón” o “baitón”: Colcha de pura lana tejida
con técnica de decoración incluida en la trama. Es de difícil labor por la
cantidad de hilo de color que se usa para lograr los motivos florales, geométricos
o zoomorfos que se destacan sobre el color del fondo o base. La pieza luce los
dibujos en ambas caras, ya que por la combinación de hilos de color se obtiene
en el telar la verdadera técnica del tapiz. Como se teje en un solo paño,
en la mayoría de los casos sin unión, el telar utilizado es de mayor tamaño
que los comunes. Esto significa un gran esfuerzo físico para la telera.
Tapices decorativos:
Se tejen empleando la misma técnica del baetón. Se emplean tintas vegetales e
industriales y sus motivos ornamentales son los de la mitología regional.

Sobrecamas: Colchas hechas en el telar con técnica de
decoración de la urdimbre. Se teje en pura lana y también en lana combinada
con algodón para hacerla más liviana.
CUERO
El cuero fue empleado en la elaboración de elementos
utilitarios y artísticos desde el S. XVIII.
En las estancias o puestos, hábiles talabarteros realizan
diversas prendas vinculadas al arreo del ganado, el atuendo de los lugareños
y la montura en general.
En particular, en la zona de Copo, se utiliza el cuero
aplicado a la persona y el caballo, a fin de poder penetrar en la zona de monte
tupido y espinoso.
Para las tareas diarias se fabrican: lazos, bozales,
cabestros, maneas, odres, “arganas” (recipientes de cuero para recoger miel
y cera). También se aplica en morrales, bolsas de cuero para retirar la tierra
de los pozos que excavan o para sacar agua, noques para contener leche o
sustancias para curtir como las raíces de diversas plantas.
MADERA
El hombre santiagueño convive con el árbol. Desde la
época de las culturas indígenas ya empleaba la madera y mantiene esa tradición.
La utiliza para el mobiliario, útiles e instrumentos de trabajo y para armar la
vivienda.
La madera más empleada es la del algarrobo, también cebil,
cebo, chañar, tala, palo borracho, molle, vinal, sauce, cardón,
quebracho colorado y blanco.
Mobiliario: Sillas de campo, trabajadas totalmente en
madera o bien con asiento de suela de lonjas o tientos entrecruzados; sillones
fijos o hamacas, muy rústicos; mesas; armarios o alacenas; catres fijos o
catres tijera, que no poseen respaldo; camas y cunas.
Utensilios e instrumentos de trabajo: Bateas, cucharas,
palas, morteros, estribos, hormas para monturas, ataúdes, tornos y los telares.
Medios de transporte: Por estar estas zonas alejadas de
las rutas pavimentadas y no poseer transportes públicos adecuados, sus
pobladores necesitan medios de movilidad y transporte, tanto para ellos mismos
como para trasladar sus materiales de trabajo y sus provisiones. El carro, la
“zorra” y el “sulky” (tirados por el caballo y utilizados para estos
fines) son todavía realizados por los carpinteros locales.
Imaginería popular: Durante los siglos XVI y XVII las imágenes
religiosas se encargaban a Lima y al Cuzco, donde vivían y trabajaban numerosos
imagineros venidos de España. Algunos de ellos se trasladaron más tarde
al Tucumán y se establecieron en Santiago del Estero, en donde dejaron discípulos.
En el siglo XVIII la Compañía de Jesús
instaló, en sus reducciones de la campaña, talleres donde se enseñó
este arte y de allí salieron verdaderos imagineros o santeros.
Los
cambios culturales e incluso religiosos han hecho perder importancia a este
arte y la desaparición de los maestros imagineros ocasionó la extinción de esta
tradición.
En San José del Boquerón se conserva la imagen
de San José realizada por mano de obra indígena bajo la dirección de los misioneros
jesuitas. Es una talla de madera policromada de más de un metro de alto. Lleva
al niño en un brazo y en el otro una vara que no se conservó. Ambas formas
presentan un tallado simplista, sobretodo en el ropaje, que posee abundantes
pliegues, elemento propio del estilo barroco americano.
La figura de San José permaneció en el lugar después de la
expulsión jesuítica. En 1943 fue ingresada al Museo Histórico de la Provincia
de Santiago del Estero. Cuando los Padres jesuitas Juan Carlos Constable y Agustín
López reiniciaron la actividad en la Parroquia San José de las Petacas, el
obispo de Añatuya gestionó el regreso de la imagen ante las autoridades
provinciales. La petición fue concedida: el gobierno decretó la restitución
de la talla y la misma se llevó a cabo el 8 de noviembre de 1975. Fue recibida
con grandes muestras de alegría y fervor religioso por toda la comunidad. Por
esa razón se celebra la fiesta patronal de San José en ese día memorable.