Como indica la Organización Panamericana de la
Salud (OPS), las condiciones de salud de una población son "el resultado
del efecto conjunto de factores genéticos y factores del contexto".
En
el caso de la población de San José del Boquerón el “contexto” no
es favorable. No tienen agua potable ni desagües cloacales, lo que facilita
la transmisión de enfermedades como el cólera, la diarrea y la hepatitis “A”,
entre tantas otras. Las malas condiciones sanitarias de las viviendas, el hacinamiento,
la escasa y pobre alimentación, también son factores que empeoran la situación.
La falta de presencia de médicos en la zona y la lejanía de
los centros asistenciales (más de 100 kilómetros) ha permitido el
mantenimiento de una medicina no oficial, ejercida por “curanderos” o
“curadores”. Algunos pobladores, basándose muchas veces en una combinación
de conocimientos empíricos y de magia, atienden la salud de la gente, que
adhiere a estas prácticas para tratar de curarse, por no tener acceso a la
medicina científica.
La mayor parte de las muertes y de los nacimientos se
producen sin previa atención médica.
Este panorama no es exclusivo de la zona parroquial.
En realidad, todo el norte de Argentina sufre males endémicos. En Santiago del
Estero el 86% de la población padece el Mal
de Chagas. Esta enfermedad es una infección crónica, producida por el parásito
Tripanozoma Cruzi, que una vez alojado en el organismo, circula por la sangre,
se multiplica en los tejidos y se fija preferentemente en el corazón. Es transmitido
por la deyección de la vinchuca, insecto que anida en los techos de paja de
los ranchos, en las paredes de adobe o en cualquier grieta. Permanece allí,
oculto hasta la noche, momento en que generalmente lleva a cabo su sorpresivo
ataque.
El Chagas puede presentarse de diversas maneras: desde la
infección aguda hasta la enfermedad crónica. Provoca afecciones cardíacas
cada vez más graves, daña el sistema nervioso y el aparato digestivo. La
muerte puede sobrevenir súbitamente o con el correr del tiempo.
La alimentación se relaciona con todas las capacidades del
ser humano para progresar, luchar, vivir y reproducirse. Una región como ésta,
cuya población padece un régimen de desnutrición encubierta no tiene
posibilidades de desarrollarse, porque el rendimiento escolar y laboral son
deficientes, la salud precaria y la defensa ante la enfermedad inexistente. En
el caso de los niños el problema es peor aún, porque es posible que un
adulto perviva con una dieta rica en calorías y sin los micronutrientes
necesarios: vitaminas, minerales, hierro. Pero, para los chicos es imposible
escapar a las secuelas: tienen estatura por debajo de lo normal, problemas de
desarrollo intelectual, elevadas posibilidades de enfermedades cardíacas y
diabetes cuando crezcan.
Aportes de la Parroquia:
La atención de la salud ha sido tema de preocupación
constante de parte de la Parroquia. Lamentablemente, al no contar con ayuda
permanente del gobierno, no se ha podido elaborar y llevar adelante un plan
sanitario que abarque todas las necesidades de la población.
A partir de 1978 funcionó una Posta Sanitaria que luego se
convirtió en Sala de Primeros Auxilios (dependiente del gobierno provincial),
con dos médicos, agentes sanitarios y una enfermera. Pero, después de un
tiempo, por cuestiones económicas y políticas, se transformó en Hospital de
Tránsito, quedando así con un solo médico y una enfermera. Durante todos
estos años la atención fue irregular, hubo períodos con presencia
permanente de médico en el lugar, algunos de ellos con gran capacidad de
trabajo y enorme voluntad, otros no tanto. De todas maneras, los profesionales
siempre están limitados por las condiciones sanitarias, ya que no disponen de
material hospitalario y deben recetar medicamentos basándose en el aporte que
da la Parroquia, porque no hay envíos de partidas de remedios por parte del
gobierno.
Se colabora con el Hospital en el equipamiento material
(muebles, instrumental y remedios); con el aporte de una enfermera, con dedicación
diaria y cuyos estudios fueron costeados por la Parroquia y con el traslado de
enfermos en el vehículo parroquial, ya que la ambulancia oficial frecuentemente
se encuentra rota o sin combustible.
Desde 1991 funciona el Centro de Salud Parroquial "Padre
Arrupe". Es un espacio dedicado a la atención de especialidades médicas
no cubiertas por el estado, equipado y financiado por colaboradores
parroquiales. En él atiende, desde su formación, una odontóloga (tres días
por mes), en un consultorio equipado para ese efecto; un oftalmólogo, que
visita la zona dos veces al año, desde hace cinco años y que
provee de anteojos a quienes los necesiten por un costo mínimo; desde hace dos
años y una vez por mes, un ginecólogo y un pediatra. En el mismo centro
está instalada la Farmacia de Cáritas, que cuenta con la atención diaria de
una encargada responsable para entrega de medicamentos.
En Manga Bajada, población que se encuentra a 15 kilómetros
de la Sede parroquial, está funcionando, en un local construido para ese fin,
otra Sala de Primeros Auxilios, atendida diariamente por una enfermera.
Es destacable la labor que realizan en el cuidado de los
enfermos, las Hermanas de San Juan Bautista, ya que se ocupan de las visitas
domiciliarias y atención de los mismos.
Se ha tratado de mejorar la alimentación que recibe la
población, especialmente los niños y ancianos. A través de Cáritas
(Organización formada por los mismos padres y vecinos) se atienden los
comedores escolares e infantiles (1550 niños de 2 a 6 años), se
distribuye un refuerzo alimentario que brinda el Obispado y se reparten bolsones
de comida a los ancianos carenciados.
Si bien la atención de la salud es muy deficiente todavía,
se observa en la gente una mayor conciencia de las necesidades. Los que pueden
tratan de viajar a las ciudades o llevan a sus hijos para realizar estudios o
tratamientos.