No existen fuentes de trabajo locales o
zonales. Sin buenos caminos, sin agua ni electricidad ningún proyecto es
económicamente rentable para invertir en la región.
La explotación forestal y la ganadera son
las actividades económicas fundamentales. Los sistemas tradicionales de
aprovechamiento en los montes santiagueños son primitivos e
ineficientes y hacen uso intensivo y excesivo de la mano de obra. Dado que
casi todas las tareas se realizan en forma manual, el trabajo de monte
resulta extremadamente arduo y peligroso, exigiendo enormes esfuerzos por
parte del obrero, que está generalmente expuesto a condiciones inseguras.
Esto trae como resultado numerosos accidentes y daños físicos
irreparables. Los obreros forestales, cuyas edades varían entre 15 y 65 años,
viven en el monte durante una o dos semanas, alejados de su familia, en
grupos pequeños de cuatro a seis hombres, llegando raramente a
satisfacer sus necesidades básicas tales como agua, vivienda, alimentación
adecuada, afecto familiar y salario justo.
La
mayor parte de la leña que se extrae de los montes santiagueños
se destina a la fabricación de carbón vegetal, que se comercializa en los
centros urbanos para consumo doméstico o se emplea en la industria siderúrgica
como reductor. También se cortan cantidades considerables de leña
para uso culinario local (dentro de la zona forestal),para calefacción
domiciliaria y combustible en diversas ciudades del país.
La mayoría de los obrajes se dedica
exclusivamente a extraer leña para carbón, un producto de escaso
valor agregado que arroja un rendimiento de 6 a 1; es decir, es necesario
quemar unas 6 toneladas de leña para obtener 1 tonelada de carbón.
La ganadería también es rudimentaria. El
ganado vacuno criado en estas regiones es el conocido como “criollo”,
animal rústico, huesudo, magro en carnes y grasas, de grandes astas, sin
mezclar con las especies más finas. Se alimenta de la vegetación xerófila
y se adapta al clima extraordinariamente cálido del verano. La índole de
la vegetación exige que se destine para cada animal un mínimo de 5 a 7
hectáreas, lo que configura una explotación sumamente extensiva.
Algunas
familias cuentan con majadas de caprinos adultos, cuya producción está
orientada principalmente al autoconsumo. Finalmente poseen algunas yeguas y
mulas utilizadas para transporte (zorras, sulkys y jardineras) y para
labores agrícolas y ganaderas.
Hasta el año 1997, el cultivo del
algodón era una fuente de ingresos para algunas familias, pero a partir de
de la caída de su precio y de la disminución de la demanda en el mercado
internacional se produce una declinación del cultivo de este producto.
También se siembran pequeñas
superficies de maíz, zapallo, sandía, destinadas al autoabastecimiento.
Para realizar las labores agrícolas se emplea la mano de obra familiar.
Esta forma social de organización del trabajo es característica del
minifundio y sigue siendo predominante en la zona.
En la mayoría de los casos los
trabajadores no perciben salario familiar, pensiones ni jubilaciones.
La falta de trabajo lleva a enormes
cantidades de población a dejar su tierra. Emigran familias enteras. La
vida en el espacio rural es muy difícil. Cada cultivo requiere del
campesino un cuidado constante, el agua no llega cuando se la necesita y,
muchas veces, cuando llega, el aluvión repentino se lleva todo el esfuerzo.
En la ciudad, aún viviendo en casas precarias, el hospital está cerca, la
escuela también, las mercaderías son más baratas porque se puede elegir dónde
comprar, el trabajo (cuando se consigue, no depende del clima, de las plagas
ni del precio incierto de la cosecha.
Aparte
de estas migraciones, que podríamos llamar definitivas, hay otros
movimientos de población estacionales. Varios de los cultivos de zonas
cercanas requieren en cierta época del año gran cantidad de mano de
obra para la cosecha, mientras durante el período de crecimiento, la
demanda de trabajo es mínima. Por lo tanto los cultivadores contratan
personal transitorio en los meses de mayor tarea. Los movimientos mayores se
producen hacia la zafra, al desflore del maíz, a levantar el poroto o la
soja.
Las mujeres, además de realizar tareas muy
pesadas en sus ranchos (los maridos pasan mucho tiempo trabajando lejos) y
cuidar los animales, mantienen en muchos casos la tradición del tejido en
telares, una actividad artesanal que viene de tiempos remotos. Hilan la
lana, la tiñen y confeccionan tapices y mantas.
Este conjunto de estrategias, que generan
ingresos visibles, se complementan con otro tipo de ingresos no visibles
expresados en las relaciones de parentesco y vecindad. Estas generan
acuerdos de corto plazo entre vecinos basados en préstamos de herramientas,
trueque de alimentos por trabajo, ladrillos y cruza de reproductores.
Aportes de la Parroquia:
Cuando la Parroquia se instaló en San José
del Boquerón las familias eran nómades. Se movilizaban todos los
integrantes, el padre con la esposa y los hijos, para trabajar en las
cosechas. En cambio ahora, por la presencia de las escuelas y porque han
echado raíces en la región, lo hace solo el marido.
En muchos temas, la colaboración consiste
en organizar las ventas y buscar mercado para colocar lo que ellos producen
(tejidos, carbón, madera).
Se instaló una carpintería en el predio
parroquial, que no ha podido funcionar en forma permanente por falta de
pedidos de trabajo. Entre los pobladores de la zona no hay mercado para
vender estos productos y el traslado a zonas más alejadas resulta muy
costoso.
Por medio de Cáritas, se han desarrollado
talleres de costura y tejido que funcionan en las capillas de las distintas
localidades. Allí, las mamás pueden utilizar las máquinas de coser y
hacer o arreglar su propia ropa. Contribuyen, además, con el arreglo de
ropa donada, que luego se vende a bajo precio para comprar comida para los
ancianos, niños solos o enfermos.
La Parroquia de San José de las Petacas ha
participado, junto con otras cuatro parroquias ubicadas en la margen derecha
del río Salado, de un proyecto gestado por el Obispado de Añatuya
denominado "Proyecto del Salado". Tuvo como finalidad capacitar a
nuestra gente, partiendo de sus propias necesidades, a fin de lograr su
subsistencia y permanencia en la zona.
De allí surgieron, en los quince años
que duró el trabajo (1984-1999), innumerables proyectos comunitarios (ladrillerías,
cosechas de algodón, carbón, productos forestales, crías de ganado menor,
canales de riego, construcción de aljibes, huertas familiares, etc.) Las
reuniones zonales con los productores de algodón o criadores de cabritos ha
originado una entidad "Unión de Pequeños Productores del Salado
Norte" (UPPSAN), dirigida actualmente por los mismos pobladores. En la
parroquia ciento diez familias solidariamente unidas proyectan juntas
mejores y variadas defensas para la alimentación y mejorías en la cría de
animales. Se organizan a través de delegados en cada grupo y se reúnen
mensualmente.
Durante el año pasado continuaron
trabajando para buscar la subsistencia en forma comunitaria. Se realizó una
importante capacitación, con el apoyo de INCUPO, institución que trabaja
en educación popular con el objetivo de mejorar los sistemas de vida
rurales. Se brindó asesoramiento, dirigido en especial a la mujer, en cría
de ganado caprino y huertas comunitarias. En Santiago del Estero, las
mujeres ocupan un lugar protagónico en la producción y pueden llevar
adelante una pequeña explotación familiar, ya que los hombres migran
a otras provincias para trabajar en diversas cosechas.
La Universidad Católica de Córdoba, a
través de su Facultad de Ingeniería, colaboró iniciando el relevamiento
de las instalaciones eléctricas de la Parroquia y en el arreglo del molino
de viento.
Técnicos y profesores especializados en
las tareas de campo (agua, ganado mayor, pastos y siembras, etc.) de la
misma Universidad, están trabajando en la zona. Quieren producir una cruza
de varias razas de vacunos, para mejorar la débil calidad del ganado local.
Se ha iniciado una etapa nueva que con el
correr de los años producirá mayor bienestar para las familias,
mejorará su sustento y quizás aumentará la permanencia de jóvenes en
esta zona del Chaco santiagueño.
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